Aquí las fotos arrancadas de los álbumes familiares de mi madre. Relámpagos del tiempo de Lucy y de los que estuvieron más cerca de ella. Aquí algunas de sus once hermanas y de sus ocho hermanos. Aquí Inés Delgado de Jiménez, su madre, y José Jesús Jiménez Yépez, su padre. Aquí sus amigos y amigas. Aquí sus sonrisas de colegio, sus silencios, sus enigmas de niña. Su pelo hasta la cintura de joven. Aquí algunos de los lugares que habitó. Algunas de sus caras. Aquí las huellas de su cuerpo tan capaz de ser una cosa y otra, de su cuerpo camaleón ahora inexistente.
Aquí, en el silencio que enmarca cada fotografía se anudan los momentos de ese personaje que fue Lucy hasta los 27 años -un año antes de que se convirtiera en mamá-. Esta Lucy, la de las fotos, es tan desconocida para mí como para cualquiera llegue a leer las páginas de estos retratos vivos.
Todas estas imágenes a solas con la mirada de quien lee, con sus ojos llenándolas de sentido. A lo mejor logre escuchar algunas de las historias que contiene este carrete de recuerdos que a veces grita, a mí me grita o me susurra, desentrañando algún misterio.